Parashá Vaietsé 5759
Génesis 28:10 - 32:3
28 de noviembre de 1998 / 9 kislev 5759
El comentario de esta semana es del rabino Eliezer Diamond
que ocupa el puesto de Profesor Ayudante "rabino Judah Nadich"
de Estudios Rabínicos del Seminario, JTS (Nueva York).
(Traductor Miguel Rojas, Providence (Rhode Island))

Mi padre ama viajar y mi madre es su cómplice solícita. Cuando yo tenía 9 años y mi hermano 6 años, mis padres nos llevaron en un viaje en auto por los Estados Unidos.. Vimos los Badlands de Dakota del Sur, el parque Yellowstone de Wyoming, Disneylandia en California, el desierto de Mojave y mucho más. Para mi el viaje no fue sino una aventura, disfruté cada día y esperaba el próximo. Hoy en día, como un padre que lleva a su propio hijo en muchos viajes, me doy cuenta que mis padres debieron tener una perspectiva bastante diferente de ese viaje en auto. Tuvieron que planear nuestra ruta, conducir el auto, bregar con los lloriqueos y el aburrimiento de los niños, calcular los gastos, planear las comidas y surtirse con suficientes provisiones casher, para llevarnos de una costa a otra.

Menciono esto porque la porción de la Torah de esta semana registra algunas de las muchas peregrinaciones de nuestro antecesor Jacob. Casi todos los acontecimientos mayores en la vida de Jacob están conectados, de alguna forma, con el viajar: sus matrimonios, su confrontación final con Laván, su suegro, su reconciliación con su hermano Esaú, la violación de su hija Diná, la venta en esclavitud de su amado José, su reunión con José en Egipto. Aún después de muerto, Jacob, tuvo que viajar para poder ser enterrado en la cueva de Majpelá. Y así uno se pregunta: ¿Qué podemos aprender de Jacob de ser o no ser un viajero triunfante? Una consideración de la experiencia de Jacob en Bet-El, al mismo comienzo de sus viajes, nos puede dar una respuesta.

Jacob, huyendo de las intenciones homicidas de su hermano Esaú, se detiene a dormir de camino a una incierta recepción en casa de sus parientes en Haran. En su sueño Dios se le aparece a él diciendo , "Yo soy el Eterno, Dios de Abraham, tu padre, y Dios de Isaac; la tierra sobre la cual estás acostado, te la daré a ti y a tu descendencia. Y he aquí que Yo estoy contigo, y te guardaré donde quiera que anduvieres, y te haré volver a esta tierra; porque no te abandonaré, hasta que haya cumplido lo que te he hablado" (Génesis 28:13,15). Dios le promete a Jacob dos cosas. Primero, no importa a donde viaje Jacob, la tierra que esté a punto de dejar siempre le pertenecerá a él y a sus hijos. Segundo, a pesar de cualquier dificultad que Jacob tuviere que enfrentar en sus viajes, Dios estará con él. Lo que me interesa sobre esas promesas es lo que no se dijo. Dios no le promete a Jacob, como se lo prometió a Abraham, que él será bendecido con riqueza y reputación. Esencialmente, lo que Dios promete, es una travesía segura hasta que Jacob regrese al lugar en donde le aguardan bendiciones.

Jacob, en respuesta a la divina revelación que se le concedió, tiene ideas diferentes. "Si estuviere Dios conmigo y me guardare en este camino que ando, y me diere pan para comer y ropa para vestir, y si volviere en paz a la casa de mi padre, y el Eterno fuere Dios para mí, entonces esta piedra que he alzado por monumento conmemorativo será la casa de Dios; y de todo lo que me dieres, la décima parte separaré para Ti". (Génesis 28:20-22). "Pan para comer y ropa para vestir " Jacob quisiera probar la buena vida mientras sigue en camino. La protección divina es una buena cosa, dice Jacob en su manera de pensar, pero alguna comida fina y buenas mudas de ropas también serían buenos.

Así es. Lo que empezó como una visita a su familia en busca de una esposa para traer consigo a su casa, a Canaan , se convierte en una estancia de casi veinte años en la casa de Laván. ¿Y cuál es el enfoque?. "Pan para comer y ropa para vestir", a medida que Jacob compite con la agudeza de su mañoso suegro en un intento por acumular riqueza para sí mismo. Esencialmente, Jacob se ha olvidado de que su hogar está situado en otra parte. Él se ha hecho uno más de ellos, compartiendo el mundo de Laván de codicia y engaños.

El punto más bajo de esos desarrollos es el sueño que Jacob le cuenta a sus esposas cuando les dice que les ha llegado la hora de dejar el hogar de su padre. En aquel sueño él ve que los machos cabríos que cubrían a su rebaño eran moteados, listados y manchados. Como mi amigo, el rabino David Silber, ha señalado, ¡qué contraste es esto con el visionario de Bet-El, que soñaba con Dios y ángeles! Ahora los sueños de Jacob son de planes para conseguir riqueza. Y, desde luego, no es casual que en la misma visión un ángel aparece ante a Jacob diciendo, "Yo soy el Dios de Bet-El, donde ungistes el monumento, y donde me hiciste voto. Ahora levántate, sal de esta tierra y vuelve a la tierra de tu nacimiento". (Génesis 31:13). Dios le dice a Jacob: Tú has extraviado tu camino, equivocadamente has hecho de una parada en tu ruta, como tú destino. Ha llegado la hora de terminar esta parada y regresar a tu verdadero y correcto lugar.

Uno de los mayores desafíos que enfrentan los viajeros es saber cuál es el propósito de su viaje. Si uno tiene claro los objetivos, uno sabe cuándo quedarse y cuándo irse, qué hacer y qué no hacer; de otra forma uno pierde tiempo valioso y desperdicia una preciada energía metiendose por caminos y callejones sin salida.

Ningún otro desafío es tan grande como el viaje de la vida misma. Se cuenta una historia de un judío bastante rico que fue a visitar al rabino Yisrael Meir Hakohen, apodado Jafetz Jaim por su primero libro, y se sorprendió al ver que en la casa del rabino casi no habían muebles. El Jafetz Jaim respondió, "Usted debe tener mobiliario atractivo y muy bien hecho. ¿Por qué no los trae consigo?" El visitante, bastante desconcertado, respondió, "¡Pero yo ando de viaje! Piense cuán difícil e impráctico sería para mí llevarlo conmigo. Me las arreglo con lo que hay disponible en las posadas". El Jafetz Jaim le respondió, "Bien, yo también ando de viaje, con poco tiempo para preocuparme del mobiliario. Me las arreglo con lo que tengo".

Nuestro recurso más valioso es el tiempo. Y nuestra decisión más difícil es cómo distribuirlo. Parte de esa decisión depende de cómo nosotros definimos los objetivos de nuestro viaje. Si "pan para comer y ropa para vestir" se convierten en sí mismos en fines, entonces gastaremos nuestras vidas en un ciclo sin fin, gastando y acaparando, dejando poco tiempo o energía para encontrarse con el Dios de Bet-El. Si vemos eso como necesario pero un aspecto secundario de nuestro viaje, nos podremos enfocar en el estudio y en el cumplimiento de la Torah de Dios dentro de nuestros hogares y en nuestras comunidades, no viviendo en la casa de Laván pero morando en la casa de Dios.

Shabbat shalom u-mevorach,
Rabí Eliezer Diamond

La distribución electrónica de los comentarios parashá ha-shavuá del Dr Schorsch han sido posibles por la colaboración generosa de los miembos de Temple Beth Sholom, Cherry Hill (NJ), para honrar al Rabbi Albert L. Lewis para la celebración del 50º anniversario de su ordinación del Seminario, y sus 50 años como rabí del Temple Beth Sholom.